| |
NUESTROS SENTIDOS NOS ENGAÑAN
Cristina Candela
Podemos
ver, pero no todo puede ser visto; podemos escuchar, pero
no todo puede ser escuchado; podemos tocar, pero no todo puede
ser tocado. Detrás de nuestra vista, de nuestro olfato,
gusto, oído y tacto se encuentra un mundo desconocido,
hasta hace muy poco, para el hombre.
Desde que
aparecieron los primeros organismos vivos en los mares calientes
o caldos primigenios, hace más de 3000 millones de
años, éstos han ido mutando, ramificándose
y evolucionando. Aunque al principio eran de una gran simplicidad,
con el paso del tiempo fueron desarrollando sistemas cada
vez más complejos. Para garantizar sus vida y conservación
crearon uno que les posibilitaba intercambiar información
con cuanto les rodea; el sistema nervioso. Gracias a la aparición
de los sentidos, las especies pueden tener conocimiento de
su entorno, conocer por dónde les acecha el peligro
y crear métodos de defensa contra él.
Puesto que
en cada hábitat las características medioambientales
son distintas, los grupos vivientes han tenido que adaptarse
de manera diferente a su medio y a los constantes cambios
que se han producido en él. Físicamente han
potenciado todo aquello que les resulta imprescindible para
su supervivencia y han eliminado todo lo que les es innecesario
o bien lo han readaptado para una nueva función.
Sin embargo,
el mundo que nos llega a través de los sentidos, es
tan sólo una percepción incompleta y errónea
de la realidad. Nuestros sentidos nos engañan, en cuanto
a que sólo reciben una pequeña parte de la información
que hay en el exterior. De los millones y millones de datos
que existen a nuestro alrededor, tan sólo podemos captar
una mínima parte. Nuestro sistema neuronal está
desarrollado para recibir únicamente la información
que necesita para adaptarse al medio y sobrevivir. Si por
cualquier razón ese límite desapareciera, nuestros
sentidos comenzarían a recibir tal cantidad de datos
que nuestras neuronas, incapaces de procesarlos, se colapsarían
y sufrirían una especie de “cortocircuito”
que las dejarían inservibles.
Por ejemplo,
los humanos tan sólo podemos escuchar una banda de
frecuencias bastante reducida que abarca aproximadamente desde
los 20 Hz a los 20000 Hz. Existen ondas sonoras cuyas frecuencias
se sitúan por debajo de nuestro umbral de audición
y que se llaman infrasonidos y otras que se encuentran por
encima y que se denominan ultrasonidos o hipersonidos si superan
los 100 Mhz.
Algunos animales,
como los elefantes, emiten infrasonidos. Gracias a esta capacidad
pueden percibir con antelación algunas catástrofes
como los terremotos debido a las ondas sísmicas. Otras
especies, como los delfines o los murciélagos emiten
ultrasonidos; utilizan estas señales acústicas
a modo de sonar para orientarse espacialmente, o para localizar
a sus presas. Nuestras mascotas, los perros y los gatos escuchan
los ultrasonidos de hasta 35000 Hz. De hecho en gran cantidad
de ocasiones les hemos visto sentados, con sus cabezas dobladas
hacia un lado, escuchando muy atentos a algo que era inaudible
para nosotros.
Lo mismo nos
ocurre con el resto de nuestros sentidos. En el caso de la
vista, bien porque pueden ser un peligro para nuestra especie
o bien porque son perjudiciales para nuestra salud, los humanos
sólo podemos detectar una pequeña franja de
longitudes de onda. Por ejemplo, mientras que para las personas
la luz ultravioleta es invisible, y de ser vista podría
causar graves daños oculares, para los insectos es
la longitud de onda percibida al ser la más adecuada
y ventajosa para su medio. Otros animales carecen incluso
de ojos ya que su hábitat se encuentra en total oscuridad
y han necesitado de otros métodos para relacionarse
y adaptarse con su entorno.
Según
el medio en el que han vivido, las especies han desarrollado
unos u otros mecanismos de relación con el exterior
que les permitiera adecuarse al entorno. Está comprobado
que cuando nos asomamos a la ventana o miramos a nuestro alrededor
tan sólo captamos una pequeña parte de la realidad.
Aún así, existen aquellos quienes con un racionalismo
obsesivo, niegan todo cuanto no pueden percibir con sus sentidos.
Afortunadamente, se sabe que nuestros sentidos nos engañan,
y que la información que nos llega a través
de ellos es bastante incompleta y por lo tanto errónea.
|
|