Juicio Inédito
Al día siguiente, la Guardia Civil que acudió a la zona
motivada por los comentarios de un posible incendio, no salía de
su asombro al ver aquel dantesco espectáculo. Con delicadeza, aquellas
personas fueron tapadas con mantas y alimentadas, para posteriormente
ser puestos a disposición judicial bajo el cargo de lesiones e
incendio. A raíz de ahí, se llevó a cabo un juicio
inédito en la historia de nuestro país, por varios motivos…
Principalmente, porque los auténticos culpables salieron totalmente
impunes de la catástrofe. En ningún momento buscaron al
Padre José, causante de la fanatización, quién huyó
durante el ritual, el cual contempló escondido y asombrado tras
las zarzas. Y es que se le había ido la mano en sus predicaciones.
Tampoco fue requerida la presencia de Teresita Villatoros, la misteriosa
firmante de las cartas religiosas que llegaban al pueblo, y compañera
de Mateo Romero, el otro visitante desconocido. A pesar de saber todo
el mundo que residía en una determinada casa de la barriada del
Perchel, en la capital malagueña, las autoridades ni siquiera la
reclamaron para testificar. Una vez más en la historia de España,
la justicia hizo de todo menos justicia.
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Pero no era desmedido
el hecho de usar prácticas hipnóticas en la sala, ya que
lo que pretendían era saber si aquellas pobres gentes habían
sido sugestionadas de alguna manera, dando resultados positivos y asombrosos.
Finalmente, el juez y miembros del jurado decidieron imponer una multa
y diversos meses de cárcel a la mayor parte de los habitantes de
Tolox que habían participado en el ritual. Y por supuesto, el peor
de los castigos, que fue arrastrar hasta nuestros días una terrible
fama de “iluminados”, algo que aun a día de hoy causa
rubor entre los toloxeños, y más concretamente entre sus
descendientes.
Nuevas Investigaciones
A pesar de que las autoridades dieron por zanjado el
asunto sin apenas entrar en detalles, ni de buscar a los auténticos
culpables, cualquier investigador medianamente inteligente y observador,
hubiera podido entrever la verdad en diferentes factores. Principalmente,
en el propio juicio oral, y secundariamente, en la memoria popular que
reposa en los diferentes pueblos de la provincia de Málaga. Partiendo
de ambas cosas, y ciento veinte años después, he podido
crear una línea bastante fiable de actos que explicarían
la historia desde el principio.
Retrocediendo a aquella España sumergida en el caos social y en
la guerra de Cuba, vemos el nacimiento en Málaga de un Gabinete
Espirita, dirigido por una mujer llamada Teresita Villatoros, supuesta
médium que ayudaba a las madres a saber el paradero de sus hijos
perdidos en la susodicha guerra, y por Mateo Romero, su compañero,
quizá sentimental, especializado en esa nueva ciencia que era la
hipnosis, con una gran experiencia y don de sugestión.
En un determinado momento en que ambos pasean por el centro de málaga,
se encuentran con un sacerdote que se hallaba en ese momento gritando
sus prédicas en plena calle, sobre un posible fin del mundo que
se hallaba muy cercano. Nace un “amor a primera vista”, y
tras una conversación breve, los tres se unen en una carrera imparable
que les proporcionaría modestos beneficios económicos.
El Padre José no era sacerdote, sino un ex-recluso que había
estado encarcelado en la prisión de Granada y en el Penal de Ceuta,
por delitos de robo, intento de violación y estafa. Desde luego,
aquel era un gran fichaje para una nueva sociedad secreta basada en el
engaño y la sugestión de masas.
La memoria popular que aun reside en la gente más anciana a través
de la tradición oral, recuerda la llegada de aquel falso sacerdote
a diferentes localidades de Málaga, e incluso de otras provincias.
El “modus operantis” era siempre el mismo, basado en el engaño
a través del supuesto fin del mundo, y las prédicas que
obligaban a la negación de lo material, donde entraba el dinero
y los objetos de valor, que era requerido por el falso sacerdote para
“obras de caridad”, siendo repartido el botín entre
los tres integrantes del movimiento secreto malagueño.
Cierta vez recibe Teresita la visita de una mujer del pueblo de Tolox,
una tal Isabel Gallardo Pato, cuyo hijo marchó a Cuba para combatir,
y del que no sabía nada desde hacía tiempo. Durante aquella
visita, el Padre José se fija en el cuerpo espectacular de la joven
mujer, recientemente enviudada, y decide probar suerte en sus prédicas
en el pueblo de Tolox, y si fuera posible, en el cuerpo de aquella bella
señora.
El falso sacerdote le plantea a Isabel la posibilidad de instaurar en
su pueblo un moviendo religioso basado en el amor al prójimo, la
penitencia, y la devoción cristiana, ya que el fin del mundo está
cercano. Isabel, que es muy devota a la par de bella, lo acepta, e incluso
se siente privilegiada de que el Padre José se pueda alojar en
su casa.
De esta manera, llega el movimiento de las “Cuatro Columnas”
a Tolox. Los dogmas durante las reuniones son acompañados de cartas
que Teresita envía desde Málaga, para reforzar la fe. También
son importantes las visitas que Mateo, el hipnólogo, realiza al
pueblo, donde sugestiona con sus artes a cada uno de los presentes, consiguiendo
en mayor o menor medida que crean con más ímpetu en aquel
inminente fin del mundo.
Uno de aquellos devotos, el Pilonso, cae rápidamente en trance
tras el más mínimo impulso hipnótico (aquello se
demostró durante el juicio), con lo cual el Padre José decide
realizar una pantomima donde jugaría un papel muy importante la
Virgen María. Habían dos objetivos: aumentar la fe ante
estas visiones de Miguel, y obtener un reloj de oro macizo que atesoraba
el alcalde del pueblo.
Ya durante el juicio oral, el Pilonso reconoce que la
Virgen María tenía un “espectacular” parecido
con la hija de Isabel Gallardo, y el niño Jesús lo tenía
a su vez con el nieto de la misma Isabel. Evidentemente, aquello había
sido una farsa hipnótica apoyada por estas dos personas, lo que
no significa que Isabel, su hija y su nieto (que ya tenía varios
años), engañaran por voluntad propia, sino que fueron convencidos
de que aquello era lo mejor para el apogeo de la “secta”.
Por eso, cuando el Pilonso golpea esa noche en la casa de las cuatro mujeres,
ellas salen rápidas a su encuentro. Y es que ya sabían de
la curiosa cita. Evidentemente, los sucesos paranormales en el cementerio
no son tales, sino que fueron preparados pro el alcalde del pueblo para
espantar a la gente, y de esa manera dejar en paz el reposo de su hijo
muerto.
En diversas ocasiones, la práctica de la hipnosis fue acompañada
por el uso de alucinógenos, tales como el Beleño y la Belladona,
que son muy frecuentes en la zona. Aquello apoyaba en gran medida la operación
de fanatizar a la gente de manera colectiva. Durante el juicio oral, el
Pilonso explicaría como a veces, tras ser invitado a casa de Isabel
para comer rosquillas y leche, veía cómo las cosas a su
alrededor se movían, y se sentía tan envenenado que una
vez pasó nueve días en esa casa, obligado a realizar las
tareas de limpieza, sin que pudiera negarse dado su estado.
Incluso, en el mismo juicio oral, varios testigos afirmaron
que durante el ritual mítico, Micaela volcó una gran olla
con líquido y plantas sobre el fuego, a raíz de lo cual
todos se sintieron adormecidos y más fácilmente “manejables”.
Pronto se demostraría que aquella olla llevaba Beleño en
sus entrañas.
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Pero, ¿qué fue del Padre José y
de Teresita Villatoros? De esta última nada se sabe. Jueces y jurado
permitieron que la villana continuara ejerciendo su labor de engañar
a las pobres gentes desde su gabinete en la barriada del Perchel, y quién
sabe, quizá también ejerciera su ya ajado disfraz de “santa”
en su secreta sociedad de bulos y engaños, aunque por otros lugares
lejanos. Y del Padre José, nada más se supo. Huyó,
y nunca fue buscado, ni se hizo el menor intento de dar con él.
Pero una reciente investigación de campo en los cien pueblos malagueños
ha dado como resultado una espectacular historia.
Desde hace décadas, una curiosa leyenda, con grandes visos de ser
real, se cierne sobre un pequeño pueblecito de la Axarquía
malagueña. Hablamos de la pedanía de Daimalos, en la localidad
de Arenas. Cuenta la gente más mayor, historia que es avalada por
dos de sus ex-alcaldes, que hace más de un siglo, concretamente
sobre el año 1890, un sacerdote de extraño aspecto llego
a la villa….
Aquel hombre decía venir del obispado, pero bien sabían
todos que la pedanía no había tenido nunca un sacerdote,
ya que las misas se oficiaban en el propio pueblo de Arenas, del que dependían.
Además, ante la petición de documentos que acreditaran lo
que afirmaba, el sacerdote se negada a darlos, fingiendo un gran enfado
por poner en entredicho su autoridad eclesiástica.
Finalmente es aceptado, y desde entonces comienzan a suceder hechos inconcebibles.
Diversos objetos del templo desaparecen a pesar de ser el propio cura
el único portador de la llave. Pronto se sospecha de él,
y comienza a resultar incómoda para el vecindario su sola presencia.
En poco tiempo, sus actos son más desvergonzados, engañando
y robando ante las narices mismas de algunos habitantes de Daimalos.
Pero lo peor llega cuando ronda a las mujeres de la villa hasta conseguir
de cierto número de ellas favores sexuales. Aquello colmó
la paciencia de los hombres de la zona, que según cuentan lo emparedaron
vivo junto a la iglesia, en un montículo creado a tal efecto. Muerto
de forma natural o asesinado, dicen que el falso sacerdote descansa en
un pequeño habitáculo en el exterior de la iglesia, un montículo
que tapona una puerta, y hace más estrecho aun el callejón,
restando estética a la zona. Aunque a veces se han solicitado permisos
para eliminar la estructura y descubrir lo que hay en su interior, la
iglesia se ha negado rotundamente, alegando estar dentro de sus dominios.
¿Ocultan algo…?
Sea como fuere, si aquel falso sacerdote es el mismo que el de Tolox,
y todo hace aparentar que así fue, un enterramiento de ese tipo
le hubiera estado más que merecido
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