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14 de abril de 2005.- Dejábamos el desarrollo de este pequeño y precipitado trabajo sobre las profecías que precognizan al nuevo Papa en el punto, a mi modo de ver, más interesante: las profecías de los Papas de San Malaquías, un listado de 112 lemas para los Papas conocidos desde Celestino II, elegido en 1130.
EL PAPA DE LAS PROFECÍAS (Parte III y última)
Por Antonio García Sancho ( Periodista y Secretario SEIP )
14 de abril de 2005.- Dejábamos el desarrollo de este pequeño y precipitado trabajo sobre las profecías que precognizan al nuevo Papa en el punto, a mi modo de ver, más interesante: las profecías de los Papas de San Malaquías, un listado de 112 lemas para los Papas conocidos desde Celestino II, elegido en 1130. Es, tal vez, la más conocida de cuantas profecías existen y merece, pues, que se la examine con detenimiento para ver cuánto de verdad o error hay en sus augurios.
San Malaquías
Cuando hablamos de San Malaquías, lo hacemos de un monje cisterciense nacido bajo el nombre de Malachy O’Mongoir en 1094. Pasados los temores del nuevo milenio, la humanidad se relajaba y Malachy disfrutó de esa atmósfera confiada y profundamente creyente. Por influencias de un ermitaño a quien acompañaba, Malachy optó por la vida religiosa y fue nombrado diácono del obispo Celso, de Armagh (en el actual Ulster, al norte de Irlanda). Se ordena sacerdote a los veinticinco años, y marcha al obispado de Lismore y luego a Bangor, donde se convierte en abad de la abadía local y se comienza a hablar de su vida ejemplar y sus milagros de santidad.
En 1125 seránombrado obispo, viviendo en la diócesis de Connerth y luego en Ibrack, para acabar sucediendo a Celso, por nombramiento directo de éste, como obispo de Armagh. El momento es difícil, puesto que debe enfrentarse a unos obispos nombrados por los nobles en oposición al Papa. Su santidad comienza a ser molesta y el obispo rebelde, Nigel, decide capturarle. Los soldados se apresuran a cumplir las órdenes y se congratulan y sorprenden al ver a un Malachy desarmado y sumiso que no opone resistencia. Sin embargo, el cielo se sume en la negrura de unas nubes tormentosas y un rayo alcanza y mata al capitán de la partida. Esta señal del cielo basta para aterrorizar a los soldados, que olvidan al reo y corren a la ciudad a contar lo sucedido. La población se rebela contra Nigel y éste ha de huir, entrando Malachy en la ciudad en loor de multitudes. En su humildad, Malachy renuncia al cargo, nombra sustituto y se reserva para él el obispado, mucho más modesto, de Down.
Parte en cuanto puede (1138) para Roma, para solicitar del Papa la dignidad de arzobispado para Erín (Irlanda), que tan fiel se ha mantenido a la obediencia católica. Inocencio II se lo concede y regresa para renovar y reedificar la iglesia irlandesa.
Hacia el final de su vida, Malachy se refugia en el monasterio del Císter en Clairvaux, donde comparte sus últimos días y sus últimas reflexiones teológicas con el gran Bernardo de Clairvaux (Claraval). Éste publicaría una “Vida” en la que recogería algunas revelaciones y profecías de San Malaquías, entre ellas la de su propia muerte. Bernardo cuenta cómo Malachy le confesó que había tenido una revelación divina en la cual se le anunciaba que Dios le había concedido morir en la festividad de Todos los Santos. Así sucedió: el día de Todos los Santos de 1148 falleció Malachy, dejando un buen número de profecías recogidas por san Bernardo.
Arnold de Wyon
Sin embargo, la profecía de los Papas, la más famosa del santo irlandés, no es citada por san Bernardo, ni por otros hagiógrafos ni cronistas por más de 400 años. Hubo de ser otro religioso, el –por otra parte- desconocido Arnold de Wyon, benedictino como Malacky, quien la publicara íntegra en 1595 dentro de la obra Lignum Vitae Ornamentum et decus Ecclesiae, una vida de benedictinos ilustres. La parte más importante y la única que ha trascendido, es el extraño legado del monje Mael Maedoc Ua Morgair o, lo que es lo mismo, en lengua inglesa: Malacky O’Mongoir.
Consistía este legado en la ya mencionada lista de 112 emblemas que corresponderían a los Papas que se sucederían desde Celestino II hasta el fin del gobierno eclesiástico tal y como lo conocemos. Es importante mencionar esto así puesto que sobre el final de la profecía existen opiniones divergentes.
El hecho de que la profecía de san Malaquías no apareciera citada siquiera durante la tradición de tantos años, más aún cuando san Bernardo recogió otras y ni tan siquiera la citó, hace al texto de Wyon sospechoso de falsa atribución, cuando no de falsificación consciente y malintencionada. Pero antes de intentar valorar la validez de la profecía, veamos en qué pueda interesarnos de ser cierta.
De Gloria Olivae
El primer Papa de la lista de emblemas es Celestino II o “Ex castro Tiberis” (Del castillo del Tíber), que gobernó la Iglesia desde 1143 a 1144. Le sigue Lucio II o “Inemicus expulsus” (Enemigo expulsado). De esta guisa, citados sólo por el lema, se van sucediendo los 112 hasta “De Gloria Olivae” (De la Gloria del Olivo). Tras él, un pequeño texto menciona lo que sucederá al último de los Papas:
“In persecutione extrema Sacrae Romanae Ecclesiae, sedebit Petrus Romanus qui pascet oves in multis tribulationibus; quibus transactis, civitas septicollis diruetur, et judex tremendus judicabit populum”.
“En la persecución extrema de la Sacra Iglesia Romana, tendrá su sitial Pedro el Romano, quien apacentará las ovejas entre numerosas tribulaciones; tras las cuales, la ciudad de las siete colinas será destruida, y el juez tremendo juzgará al pueblo.”
Estas líneas finales tienen una interpretación diferente según qué traducción se maneje (la presente es nuestra) y cómo se quiera interpretar. Para unos, anuncia claramente el fin del mundo, mientras que para otros, la destrucción de las siete colinas (la “ciudad de las siete colinas” es un apodo bien conocido de Roma desde la antigüedad) significa la destrucción de una Roma metafórica que se refiere al corazón de la iglesia. Por ello, interpretan que se trata del fin de la religión católica. Otros, los menos, entienden que esta sentencia puede unirse a otras profecías de otros profetas que anuncian que la iglesia concluirá pronto su etapa de papado y que, en un momento dado, será gobernada por un consejo sacerdotal o Colegio cardenalicio, quién sabe si con varias sedes distribuidas a lo largo y ancho del mundo católico. La destrucción de Roma se debería leer, pues, el fin del Vaticano como sede central de la Iglesia.
Personalmente, nos parece tan descabellado plantear un fin del mundo (ya hemos sobrevivido a muchos anuncios de ese tipo), como creer en la descentralización de la Iglesia católica. El sentido común nos dice, además, que es difícil que se termine el catolicismo ni con el siguiente Papa ni con el que le suceda. Parece más probable que exista, en todo caso, un importante cisma, entre partidarios de una Iglesia conservadora y partidarios de un progresismo moderado pero algo rupturista. Y, aún así, alguna de las ramas desgajadas seguirá siendo o llamándose “católica”. Por tanto, la veracidad del augurio es, cuanto menos, cuestionable desde la lógica.
Antes de la llegada de Pedro el Romano, llegará el Papa 111 al que, de alguna forma, le cabrá el lema “De Gloria Olivae” (De la Gloria del Olivo). Éste es el Papa que será nombrado por el cónclave que se iniciará el 18 de abril. El Papa anterior, que ocupa el número 110 del listado, fue Karol Wojtyla, a quien correspondió el lema “De Labore Solis” (Del trabajo del sol), que algunos han querido traducir como “De la fatiga del sol”, tal vez por hacer encajar el lema con el deterioro físico sufrido por el pontífice desde que sufriera el atentado a manos de Alí Agca. Otros, equiparan la labor del sol a la infatigable misión pastoral que le ha llevado a dar literalmente varias veces la vuelta al mundo, como el mismo astro rey. Finalmente, existen comentaristas que señalan que Wojtyla nació durante un eclipse solar, visible desde Wadowice, su pueblo natal.
Porque no heos dicho aún, pero a estas alturas todo el mundo ha de saberlo o intuirlo ya, es que estos lemas no son gratuitos, claro está, sino que se supone que encajan con algún suceso relevante de la vida del pontífice, su lugar de nacimiento, su escudo de armas o, en definitiva, con cualquier elemento que vincule al Papa real con el emblema de la lista.
Por ejemplo, la divisa 102 es la que pertenece al cardenal Pecci, más conocido como León XIII, el primer pontífice del siglo XX. La profecía le designa como “Lumen in caelo” (Luz en el cielo). Por casualidad o por exactitud del vidente, el escudo de armas de Pecci mostraba un cometa.
Más difícil es hacer coincidir otras divisas. “Religio depopulata” (Religión despoblada) es el lema para Benedicto XV (1914-1922). Ningún desierto figuraba en su escudo de armas. No se advirtió una crisis multitudinaria de fe entre los feligreses. No se abandonaban las iglesias en masa. Algunos comentaristas afirman que el “despoblamiento” se refiere a la gran cantidad de fallecidos católicos a causa de la Gran Guerra. Pero no es menos cierto que fallecieron también muchos protestantes, ortodoxos, e incluso musulmanes turcos.
La divisa correspondiente al efímero Juan Pablo I es “De medietate lunae” (De la mitad de la luna). No hubo sucesos especialmente relevantes con los musulmanes (la media luna), ni alude a la brevedad de su reinado (33 días, una lunación completa y algunos días más), ni su escudo mostraba luna alguna. Dos explicaciones acuden a los que necesitan, a pesar de todo, encajar las profecías en la realidad: una es minoritaria y poco conocida y alude a que Albino Luciani fue conocido como “el Papa de la sonrisa” por su gesto siempre afable y, como debiera resultar evidente para todos, una sonrisa es una media luna. La segunda explicación es que Luciani fue seminarista en Belluno (Bella Luna). ¡Qué bonito hubiera sido que el seminario estuviera en Migluno, por ejemplo –de existir tal población- o que el lema hubiera sido “De Bella lunae”, pero no fue así.
Por tanto, es difícil encajar los lemas con las personas, lo cual, dicho sea de paso, no es tan complicado para los Papas anteriores a 1595, fecha de la publicación por Wyon, como veremos.
De Gloria Olivae es el siguiente Papa de la lista. ¿Puede tener razón la profecía? Para ser sinceros, esta vez es fácil. Practicamente todos los países mediterráneos conocen el olivo y lo explotan como una de sus riquezas fundamentales. Varios lo tienen como emblema del país. Israel, con el famoso “huerto de los olivos”, podría ser el país de procedencia del Papa si hubiere un cardenal israelí. Sí hay, por ejemplo, un “papable” francés pero de origen judío, con lo que su candidatura también encajaría en el lema. Varios papables españoles, entre los que destaca Rouco Varela, vendrían que ni pintados al profeta. También cualquiera de los numerosísimos candidatos italianos. Pero incluso si se produjera la sorpresa y el nuevo Papa fuera (harto improbable) africano, alemán o estadounidense, un hecho político acudiría en ayuda de los agoreros: el partido político en el poder en Italia, en el momento en que se nombre Papa, como ahora, es el “partido del Olivo”. Si se quiere, se puede.
La profecía de Malaquías no es, como otras, tan etérea que, como algunas cuartetas de Nostradamus, si no se ha cumplido, siempre podemos pensar que se cumplirá más adelante. En este caso se trata de una sucesión que sigue un riguroso orden cronológico, como nos advierte el texto de Wyon. No nos dice el año exacto en que sucederán las cosas, pero sabemos el orden en que se irán sucediendo y podemos juzgar si encajan o no realmente. Ésta es la grandeza de la profecía de Malaquías sobre ninguna otra.
Y, sin embargo, sí parece haber un diseño, un patrón numerológico, tras las profecías atribuidas al santo irlandés.
El año del fin del mundo
En la lista encontramos un lema, el 73, que responde a “Axis in medeitate signi” (Eje en la mitad del signo). Si bien no se encuentra situada en la mitad de la lista, por motivos largamente explicados por Igartúa, este comentarista llega a la conclusión de que sí es la mitad de la cronología. Así, desde el primer año de Celestino II hasta la mitad del gobierno de éste (Sixto V), sumarían, como hoy sabemos, 444 años. De ser cierta la consideración de este crítico, desde la mitad del pontificado de Sixto V hasta el fin de la profecía deberían pasar 444 años también, aunque haya menos nombres en la lista. Esto nos lleva al año 2031, año siguiente a la conmemoración del bimilenario de la muerte de Cristo.
No sólo eso: 888 (número total de los años del papado desde el inicio de la lista hasta su final), es el número cabalístico de Jesús el Cristo.
Todo esto puede ser un juego, no me cabe duda, pero si no lo es, entonces quedan dos Papas hasta el final del mundo, de la Iglesia o de lo que fuere. Claro que, de ser cierto, cada Papa habría de durar en el cargo una media de 13 años. ¿Es matemáticamente plausible? Más allá de que, efectivamente, es probable que un papable dure 13 años más con vida, podemos hacer una media de los últimos siglos y veremos un dato curioso:
En el siglo XVIII, la media de años de pontificado fue de 11,87 años.
En el siglo XIX, la media fue de 17 años.
En el siglo XX, la media fue de 14 años (incluyendo desde León XIII a Juan Pablo II.
La media de los dos últimos siglos es de 15 años. La media de los tres mencionados es de 14,29 años.
Por tanto, la media de 13 años parece muy plausible.
Con todo ello, parece que el “fin del mundo” (o de lo que sea) es el año 2031. Eso sí, tampoco nadie nos ha aclarado por qué es tan significativo el Papa Clemente II como para hacer cábalas a partir de su nombre y no de otro de los numerosos Papas anteriores de todo un milenio.
Pero deberíamos concluir con las consideraciones ya prometidas sobre la veracidad atribuible a las profecías de san Malaquías.
Intereses creados.
Como ya dijimos, resulta sospechoso que la profecía no fuera conocida ni mencionada por nadie durante 450 años y, de pronto apareciera en los escritos de este oscuro benedictino. Hay voces críticas que sospechan que la profecía no es sino del mismo Arnold de Wyon, su editor, que quiso apoyar con ella la elección del cardenal Simoncelli, sobrino nieto de Julio III. Simoncelli fue obispo de Orvieto y la elección correspondiente en liza obedecía al lema 75: “Ex antiquitate urbe” (De la ciudad antigua). Para los intereses jesuítas del momento, que criticaban seriamente el pontificado de ese Papa, habría sido una forma sutil, pero acorde con el espíritu del “seiccento”. Sin embargo, voces contemporáneas no entienden la necesidad de publicar tan larga lista para ese fin, iniciándola desde Celestino II, atribuyéndola a un santo irlandés (aunque el santo era un visionario y eso le daría visos de autenticidad al texto) publicándola cuando ya no era Papa el nombre de la controversia y terminando tan lejos de su objetivo. En el momento de la publicación, el Papa presente era el número 77, Clemente VIII (Crux Romulea; La cruz de Rómulo). Gregorio XIV, el Papa del lema 75, había concluido se reinado en 1551 y, en medio de éste y de aquél, había comandado el solio pontificio Inocencio IX. ¿Tiene sentido que Wyon se tomara tanta molestia por un suceso pasado, alejado en el tiempo 8 años y dos Papas?
Para otros, el comentarista de la obra de Wyon, Chacón, es el culpable de la falsificación, pero no encuentran motivos convincentes para ello.
Y, sin embargo, persiste un hecho indiscutible. Si tomamos la lista de Papas anterior a 1595 (lemas 1 a 77) y encajamos los lemas de acuerdo a 8 claves siguiendo a un afamado comentarista, Victoriano Domínguez (que encuentra una clave para casi todos los Papas, a diferencia de otros estudiosos), encontramos las siguientes estadísticas:
1) Papas cuyo lema se relaciona con su lugar de nacimiento: 18 (23,37%)
2) Papas cuyo lema se relaciona con el nombre familiar: 25 (32,46%)
3) Papas cuyo lema se relaciona con el lugar dende profesó: 28 (36,36%)
4) Papas cuyo lema se relaciona con la profesión familiar: 5 (6,49%)
5) Papas cuyo lema se relaciona con su heráldica: 30 (38,9 %)
6) Papas cuyo lema se relaciona con su cargo: 11 (14,28%)
7) Papas cuyo lema se relaciona con su nombre o apodo: 9 (11,68%)
8) Papas cuyo lema se relaciona con un suceso de su vida: 24 (31,16%)
Añadiremos que, en 58 ocasiones (75,32%), un lema encaja con más de una clave (incluso 4 en un caso). Veremos ahora las mismas claves aplicadas a los papas posteriores a 1595, que ocupan los lemas 78 a 110 (hasta Juan Pablo II). Tomaremos al mismo autor como referencia.
1) Papas cuyo lema se relaciona con su lugar de nacimiento: 2 (6,06%)
2) Papas cuyo lema se relaciona con el nombre familiar: 2 (6,06%)
3) Papas cuyo lema se relaciona con el lugar dende profesó: 6 (18,18%)
4) Papas cuyo lema se relaciona con la profesión familiar: 1 (3,03%)
5) Papas cuyo lema se relaciona con su heráldica: 10 (30,30 %)
6) Papas cuyo lema se relaciona con su cargo: 0 (0 %)
7) Papas cuyo lema se relaciona con su nombre o apodo: 0 (0 %)
8) Papas cuyo lema se relaciona con un suceso de su vida: 22 (66,66%)
En este caso, sólo 10 (30%) de los lemas encajan en más de un ítem.
Si comparamos las cifras, podríamos pensar razonablemente que alguien preparó todo a la perfección para que los lemas anteriores a 1595 fueran fácilmente reconocibles y se advirtiera un gran parecido entre el Papa real y el emblema elegido por el profeta irlandés. Hasta un 75% de los Papas puedes reconocerse por más (generalmente 3) rasgos de entre las 8 claves posibles. El nombre familiar, la heráldica (directamente relacionada) y el lugar donde profesó son claramente preferidas a otras claves salvo, tal vez, a la de los sucesos vitales, que aún así suelen compartir su protagonismo con otra clave.
Pero, de pronto, el capricho del vidente o su “guía espiritual”, varía. Comienza a cansarse de elaborar lemas fácilmente reconocibles. El nombre familiar y el lugar donde profesó la fe el Papa elegido pasan a segundo término. Le preocupa algo menos su heráldica (casi un 25% menos respecto al porcentaje anterior a 1595) y duplica el interés de reconocer a los Papas por los sucesos de toda una vida.
Si no fuera santo y visionario, podríamos haber dudado de que san Malaquías viera mucho más allá de 1595. Al fin y al cabo, en vidas que normalmente duran más de 70 años y se dedican a la religión es fácil encajar lemas como “Jucunditas Crucis” (Exaltación de la cruz), lema 82 perteneciente a Inocencio X o el incontestable “Vir Religiosus” (Hombre religioso), lema 99 aplicado a Pío VIII y “Crux de cruce” (Cruz de cruces), el lema 101, de Pío IX, hasta llegar al obvio “Pastor angelicus” (Pastor angélico) de Pío XII (lema 106).
Por tanto, concluiremos que no parece, efectivamente, que Arnold de Wyon o el comentarista elegido para su obra, Chacón, se hayan molestado por motivos de una elección que tuvo lugar 8 años antes pero que, no obstante, aunque fuera por otro motivo, sí parecen haber sido ellos (uno o los dos) los que tramaron la lista, o bien Dios, en su infinita e inalcanzable sabiduría, quiso que los aciertos del profeta Malachy disminuyeran drásticamente a partir de la fecha de su publicación.
Concluyendo
No podemos averiguar nada realmente significativo sobre el futuro nuevo Papa acudiendo a las profecías. Los siento. Hubiera sido bonito (o terrible), pero no es posible. Los profetas o no se ocuparon de él, o lo hicieron de manera muy oscura o, cuando lo hicieron, como en el caso de san Malaquías o su anónimo apócrifo, lo hicieron demasiado nebulosamente e incluso podemos encontrar serias dudas a la veracidad de tales profecías.
Mucho más sencillo es acudir a la experiencia (y, aún así, caben muchas dudas de que nos aproximemos mínimamente a lo que suceda en breve). Sabemos que la curia romana es mayoritariamente tradicionalista, que ha habido llamadas directas a que el sucesor de Juan Pablo II sea continuador de su labor, que tras 14 encíclicas y un tremendo “gancho” mediático, la dirección de la barca eclesial necesita un pescador con buena imagen y mejor teología, o bien–como se ha venido haciendo tradicionalmente tras un pontífice de largo reinado-, encontrar un “Papa de transición”, un Papa con relativamente poca esperanza de vida, que no aborde reformas importantes. También sabemos que, salvo Wojtyla, nunca ha habido un Papa no italiano en los últimos 500 años. Juan Pablo II puede haber marcado una tendencia o haber sido una excepción.
Entre los candidatos mayormente citados, deben excluirse los centroeuropeos (sería raro un Papa alemán), los de piel negra (el clero no está preparado), los de Estados Unidos y Asia (son comunidades demasiado jóvenes, aún débiles ante la influencia de otras tendencias y, en el caso americano, excesivamente “tocadas” por el escándalo de los sacerdotes pederastas), los de Sudamérica (demasiado cercanos a la Teología de la Liberación o sensibles al problema. Por ahora, la máxima para con esa Teología es: silencio). Quedan, pues, unos pocos nombres. De todos ellos suenan sobre todo dos: Martini, que sería una baza demasiado progresista y, sin duda, disgustaría a sectores como el Opus Dei, y Tettamancci, probablemente el candidato ideal, italiano y con la edad adecuada para preveer un papado de unos 12 o 13 años (¡qué casualidad!).
De todas formas, no perdamos la esperanza. Tal vez a “tiro pasado”, nos enteremos del nombre de varias decenas de “videntes” que habían profetizado, exactamente, lo que sucedió.
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