SAN PASCUAL BAILON
El Santo Justiciero En la época que habitualmente conocemos como "Otoño de la Edad Media" por ser aquella en la que se caminaba ya hacia eras más modernas, todavía era habitual en España hacer peregrinaciones cuyo objeto estribaba en rogativas de lluvia en épocas de fuerte sequía. Allá por el año 1532, los habitantes de una población llamada Monforte del Cid, a poco más de 22 Kilómetros de Alicante en la actualidad, caminaban hacia el “Desierto de Monforte” (en la actualidad Orito) en romería guiados por su párroco Mosé Pedro Seva. Aquel día poco iba a importar para el advenir de los tiempos que la rogativa de lluvia fuese escuchada o no. De hecho, tal vez los que estuviesen llamados a escuchar ese día fueran los propios monfortinos, pues habiéndose cobijado bajo una pinada decidieron que había que construir una ermita al lado del manantial en el que durante siglos habían realizado el mismo rito: lavar en él cruces con la imagen de Cristo para implorar misericordia (lluvia, mejores cosechas, acabar con las plagas…) ¿Fue una inspiración divina aquella decisión? ¿Hablaba alguna fuerza superior por boca de los antepasados monfortinos cuando verbalizaron su deseo de construir una ermita?Sea como fuere, parece ser que aquella decisión no cayó en agua de borrajas sino que caló en la voluntad de todos cuantos allí se encontraban infundiéndoles el compromiso necesario para llevar la construcción a cabo. Así, durante años, aquellos devotos monfortinos del medievo fueron aportando los donativos que conseguirían que en 1542 esta ermita fuese una realidad. Por ella pasaron tres ermitaños, pero fue el tercero, Fray Jorge Martínez, el que ha pasado a la historia por haber sido su madre la que, mientras limpiaba el altar, encontró una figura diminuta y de materia indeterminada. Sí, sí, de materia indeterminada, pues a día de hoy todavía no se sabe si es de mármol o de marfil. Se había revelado ya al mundo haciendo su Aparición La Virgen de Orito, la imagen más pequeña del mundo (42 mm). Fueron tantos los fieles y devotos peregrinos que visitaron aquel paraje monfortino con el fin de ver a la Virgen, que el Consell de la Universitad de Monfort deliberó construir un Convento cuyas obras finalizarían en 1559 siendo los franciscanos los primeros custodios. Casualidades de la vida o cosas que pasan porque tenían que pasar que se disfrazan de casualidad, en 1561 había llegado a Monforte del Cid un pastor nacido en Torrehermosa (Zaragoza) que había entrado a trabajar en la casa de Aparicio Martínez. Su oficio de pastoreo implicaba dormir en plena Sierra de las Águilas, para lo cual el joven pastor, que por entonces sólo contaba con veinte años, se refugiaba en una cueva.El joven pastor se llamaba Pascual y ya se había acostumbrado al enorme tráfico de peregrinos que acabarían desembocando en la ampliación, en 1596, de un convento que ya se había quedado demasiado pequeño. Cuenta la leyenda que un día, pastoreando su rebaño, fue visitado por las apariciones de San Francisco y Santa Clara, y que fueron ellos los que le informaron de que era la voluntad de Dios que él abrazara el estado religioso. Lo cierto es que a la edad de veinticuatro años el joven Pastor tomó los hábitos. Desde entonces, cuentan sus biógrafos que se convirtió en un dechado de virtudes entregado al trabajo y la oración. Aquellas gracias divinas que cosechaba por donde andaba lo convirtieron en uno de los frailes franciscanos más solicitados para las empresas más importantes, dejando en todas ellas huella de su santidad. No obstante, los milagros obrados por San Pascual ya se remontaban a su época de pastor, haciendo brotar agua de con sólo golpear con su cayado en la tierra, fertilizando los campos por los que su ganado pacía, curando enfermos… También en la muerte, estando de cuerpo presente en féretro, se obraron innumerables milagros, principalmente de sanación, pues fueron muchos los tullidos que se vieron libres de su mal al visitar la capilla ardiente durante los siguientes tres días. Fue tan grande el vacío que dejó el santo tras su muerte aquel 17 de mayo, primer día de Pascua de Pentecostés de 1592, que sus amigos monfortinos, aquellos que le habían conocido, se encomendaban a él cuando necesitaban ayuda observando asombrados que obtenían lo que pedían. Pero San Pascual es conocido entre los monfortinos como un santo vengativo y justiciero. En el sepulcro de San Pascual empezaron a oírse unos misteriosos golpes en 1609. Parece ser que esta señal es representativa del santo aunque en la población de Monforte del Cid tiene un significado inequívoco. Los monfortinos aseguran que el Santo Baylón cumple toda rogativa que se le pida. Sin embargo, pobre de aquél que no le haya cumplido al santo la promesa que le hizo a cambio de verse favorecido en sus deseos. Terroríficos golpes bajo el suelo de cama, en las paredes, en los armarios, en el techo, en lugares indeterminados e incluso procedentes de dimensiones indeterminadas pero del todo audibles y perceptibles por aquellos que han testimoniado escucharlos… Los casos son tantos y tan incontables como tantos los que a lo largo de cientos de años le han pedido algo a San Pascual y han olvidado cumplirle su promesa o la han retrasado demasiado. Son los bastonazos del cayado del santo pastor que viene a cobrarse su promesa. No importa el tiempo que haya pasado, no importa que con los años te hayas olvidado de que hiciste tal promesa, acabarás recordando que le debías algo a San Pascual en cuanto el santo haya decidido que te ha asustado lo suficiente y sólo desearás que despunte el alba para buscar los doce velones que le prometiste. ¿O le prometiste otra cosa y ya no te acuerdas? Te acordarás… Con San Pascual no se juega. Esta humilde monfortina que estas líneas suscribe ha sido advertida esta misma tarde por mis convecinos monfortinos -algunos de ellos testigos directos del pavor que San Pascual ha llegado a infundir entre algún que otro monfortino y monfortina-, para llevar cuidado sobre las palabras que en este escrito yo vertía por si no fueran del agrado del Santo que tanto respeto y pavor ejerce sobre nosotros, no fuera ser que el santo se llegase a mi esta noche para darme un buen susto. Por eso pido licencia frente a la estampa de su imagen a San Pascual, de quien soy fiel devota, para difundir las noticias que sobre él aquí se han recopilado. Recordamos y veneramos tu memoria. Por tu amor, vida y sustento Fue el pan vivo y celestial Logremos por ti, Pascual, Los frutos del Sacramento.
Da Fe Mado Martínez Muñoz |