| Sobre
la naturaleza de los orbes; una metateoría Dalmiro Ubiña |
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Introducción El objeto de este ensayo es poner de manifiesto mi propuesta personal para desentrañar un fenómeno inexplicado como el de la existencia de ‘orbes’, esos curiosos fenómenos luminográficos que aparecen como extras en numerosas fotografías y grabaciones de video. Para los profanos en el tema, destacaré algunas características genéricas de este tipo de fenómeno anómalo. Posteriormente, pasaré a desarrollar dos hipótesis de trabajo que explicarían (aunque de manera excluyente) la particular naturaleza de este fenómeno. He de matizar que creo profundamente en la naturaleza anormal de este fenómeno, y descarto cualquier tipo de explicación ‘ortodoxa’ en aquellos casos que son claros para mí. Lo hago así por su correlación innegable con otros tipos de anomalías con las que se relacionan de forma muy íntima y que durante estos años de estudio e investigación he logrado recomponer en un curioso puzzle. Para los escepticos y dogmáticos, solo declararles mi profundo respeto al igual que mi sólida postura en contrario. No han sido pocas las veces que un escéptico ha intentado explicarme, entre generosas sonrisas de condescendencia, la naturaleza ‘normal’ y nada sobrenatural de este curioso fenómeno. Las alusiones a fallos fotográficos, granos de polen, insectos nocturnos, partículas de kleenex en el objetivo, glóbulos termales de la atmósfera, e incluso, sorpresivamente, la posibilidad de que fuera un lucero o el planeta Venus me dejaron como poco, estupefacto. Me resulta imposible imaginarme un insecto de forma esférica perfecta, un grano de polen del tamaño de una pelota de tenis o una partícula de polvo que se mueve ella sola por el objetivo. Cabe añadir que he obviado tanto estas declaraciones presuntamente reduccionistas de algunos escépticos como las más extravagantes de personas que han optado por el lado contrario. Sin embargo, respeto todas y aplicando algo de benchmarking, he conseguido aprovechar algunos contenidos. Paso pues a exponer sin más dilación el primer item del tema. La Forma Perfecta Entendemos como orbes,
aquellos fenómenos luminográficos, invisibles al ojo humano
en condiciones normales, que aparecen reseñados en soporte fotográfico
y videográfico como pequeñas esferas, traslúcidas
o transparentes, diferentes en tamaño, color y densidad y que,
dejando a parte factores físicos naturales, no poseen una explicación
natural. Pueden aparecer en soporte fotográfico y digital, aunque
a simple vista son invisibles o indetectables. También se han recogido
imágenes de orbes en formato video (la mayoría de las veces
con cámaras de video equipadas con night-shoot o fotomultiplicadores
para visión nocturna). En definitiva, aparecen como delicadas ‘burbujas
de jabón’ aunque con algunos aspectos característicos
que después definiremos. |
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Podemos afirmar que ordinariamente son formas móviles y que su movimiento puede parecernos, caprichoso y errático. Algunas veces poseen una trayectoria puramente balística, dejando un curioso reguero en la fotografía debido a su alta velocidad. Otras veces, las series de instantáneas muestran un movimiento pausado tipo ‘mosca’, con trazados y circunvoluciones suaves y lentas. Su forma es perfectamente esférica, aunque el autor posee pruebas fotográficas de orbes con formas más exóticas (cardioides, en forma de escudo, estrella o mórula, acampanados, etc). Desconocemos el motivo para que estas extrañas formaciones adopten una forma esférica pero algunos investigadores han teorizado lo siguiente; en el mundo natural la esfera es la forma más perfecta y de diseño más económico y en relación a los orbes la esfera sería la mejor manera de ‘contener’ de forma económica un paquete de energía. |
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| Ocasionalmente
se agrupan en ‘clusters’ o aluviones, formando una imagen
extremadamente densa de glóbulos esféricos, situados a diferentes
distancias y alturas, y con colores y densidades también diferentes,
y haciendo prácticamente imposible realizar un recuento numérico.
Su tamaño estándar parece ser el equivalente a una pelota
de ping-pong aunque también se han fotografiado orbes de dimensiones
gigantes y otros de tamaño minúsculo. Su gradación
en la coloración y en la traslucidez sugiere que efectivamente
poseen diferentes densidades y que reflejan de forma distinta la radiación
luminosa. No parecen tener luminosidad propia pero reflejan la luz del
flash fotográfico y la radiación infrarroja. Este es un
aspecto especialmente problemático, ya que si son capaces de ser
iluminados por el flash de la cámara, también deberían
ser detectados a simple vista. Aparcaremos este asunto para un desarrollo
posterior. |
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Ya
hemos comentado que poseen una forma esférica, similar a una burbuja
de jabón, aunque destacan aspectos muy curiosos en su estructura.
En algunas fotografías se aprecia la existencia de un ‘anillo’
que circuncinda su perímetro, anillo que observándolo a
gran detalle presenta una estrecha estructura de pequeños flecos
o filamentos difuminados, muy similares a los producidos por una descarga
electrostática. Dentro de la estructura esférica, a veces
se sitúa también una forma parecida a un núcleo excéntrico,
lo que le da la curiosa forma de un globo ocular. Su sutil estructura
y la curiosa forma de presentación de su forma tridimensional nos
hace recordar el modelo de célula viva vista al microscopio que
todos hemos estudiado en el colegio. Los ejemplares más grandes
y activos presentan varios anillos perimetrales concéntricos de
finalidad desconocida, pero coherentes con la estructura general. |
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Primera hipótesis: La emanación Podemos empezar diciendo que hasta ahora,
las explicaciones dadas para solventar el origen de estas curiosas esferas
son, cuando menos, demasiado genéricas. Un grupo notable de los
investigadores piensan que estos orbes son el cuerpo extenso de un alma
desencarnada, es decir, un ente similar a un fantasma, en donde sobrevive
la parte intelectiva de un ser difunto. Otros piensan por el contrario
que se tratan de exóticos elementos relacionados con alguna actividad
ufológica, algo así como cámaras de visión
remota o sondas de exploración con tecnología que ni siquiera
podríamos sospechar. Mis análisis me han llevado a plantear
dos hipótesis alternativas. A la primera la he denominado la ‘hipótesis
de la emanación’. Según mi criterio, estos orbes serían
la emanación de una energía puramente humana. Encontrariamos
aquí la mítica energía mental que muchos han buscando
desde hace siglos como ondas, radiaciones, radio mental, magnetismo animal,
energía orgónica, chi, prana, mana o cualesquiera de los
nombres equivalentes. Para realizar esta afirmación me baso en
los siguientes aspectos que he observado al analizar el comportamiento
de estas esferas. El Huevo de la Serpiente a. Los orbes aparecen fotografiados en escenarios vitales de alta carga emotiva. Puede ser un funeral, una fiesta de cumpleaños, el día de la Patria o una procesión religiosa. Según el notable investigador malagueño Antonio Guerrero, es evidente que existe una relacion directamente proporcional entre ciertos lugares y personas fotografiadas y sus correspondientes energias emocionales en juego. b. Aunque
no siempre es así, la aparición de orbes parece estar supeditada
proporcionalmente al número de personas que se hallen en el escenario
y que se encuentren emocionalmente ‘sintonizadas’. Digamos
que se produce un efecto de resonancia que hace aparecer un mayor número
de orbes. |
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| d d.
El autor posee pruebas fotográficas, de naturaleza especialmente
sensible, en donde se muestra una notable actividad de orbes en situaciones
de actos sexuales explícitos. He de aclarar que estas fuentes documentales
no son las normalmente proporcionadas por empresas o publicaciones profesionales
relacionadas con el sector del erotismo, sino fotografias amateur realizadas
por personas de la calle, que inmortalizan fotográficamente sus
momentos íntimos para darles difusión a través de
determinados medios. Este punto es especialmente importante, ya que las
fotografias de similar naturaleza ofrecidas por profesionales normalmente
no poseen imágenes de orbes, al ser desechadas como fallos en la
película fotográfica, reflejos indeseables, etc. Lo importante
de este asunto es que he comprobado que una actividad sexual intensa es
capaz de generar orbes. Esto significaría que una pulsión
primaria tan poderosa como es el deseo sexual sería un desencadenante
claro para la aparición de orbes que pueden ser fotografiados.
Esto engarzaría con nuestra tésis de que los orbes son puras
emanaciones del ser humano en determinados momentos de alta energía
emocional. No podemos dejar de recordar, por tanto, una vieja tradición
de la filosofía hindú que colocaba una potente fuente de
energía psíquica a nivel de los organos sexuales (la famosa
serpiente Kundalini) y que podía ser despertada mediante diferentes
series de ejercicios y posiciones (Tantra). Volveremos a hablar sobre
este interesante aspecto más adelante.
e.
Está claro que la hipótesis de la emanación solucionaría
de manera cómoda muchos interrogantes sobre la presunta naturaleza
‘sobrenatural’ de los orbes, pero por desgracia tambien añade
innumerables interrogantes. El primero de ellos es ¿cómo
se produciría esa emanación?, y como consecuencia ¿cuál
es la finalidad de esa emanación?. Intentaremos responder a las
dos en los siguientes apartados.
Finalmente, suponiendo que los orbes sean realmente emanaciones de exótica naturaleza del ser humano, resta establecer el fundamento teleológico, es decir, cual es el motivo u objetivo para este artificio. Si consideramos como ciertas las tesis antes expuestas, estariamos ante la emisión de determinada información coherente, en un formato energético que tal vez no sean capaz de reconocer nuestros sentidos convencionales, pero que muy bien pudiera ser una forma muy primaria de comunicación a nivel emocional. En definitiva, si la hipótesis de la emanación fuera cierta, supondríamos que los orbes son estructuras de información emocional que surgen del ser humano como un primitivo lenguaje fuera de nuestro equipamiento sensorial, actualizable tal vez por diferentes medios de PES (telepatía, percepción extrasensorial, etc). Un ser humano en una situación emocional exacerbada, podría generar este tipo de estructuras, similares a semáforos o señales indicativas de significado muy primario (miedo, emoción, tensión sexual, odio), para transmitir información a otro sujetos.
Segunda hipótesis: Coexistencia Como ya expusimos al principio de este ensayo, la segunda hipótesis con la que vamos a trabajar es excluyente de la primera. Lamento profundamente este estado de cosas pero es evidente que no podemos intentar meter una pieza redonda en un agujero cuadrado. El problema de los orbes presenta ciertas peculiaridades que hacen necesario crear otra estructura epistemológica, completamente diferente, si queremos darle una explicación racional a algunos de sus efectos y características. Por esa razón, he diseñado la teoría de la Coexistencia. En este punto del camino, ruego al lector que quiera continuar que olvide temporalmente lo que ha leído hasta ahora. El afamado profesor Sinesio Darnell, que también se ocupó en su momento del estudio de ciertos fenómenos luminográficos, los denominó ECNI, acróstico de Entidades Coexistentes No Identificadas. Vamos a quedarnos con los primeros términos, Entidades y Coexistentes. El primero presupone que se trata de entes, sujetos individuales, y esta individualidad estaría gobernada por cierta inteligencia. Coexistentes nos presentaría a un fenómeno que existe en nuestro entorno de forma paralela pero del que no podemos actualizar nuestras percepciones por motivos que después discutiremos. Empecemos a analizar el primero. |
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Ordenando el trastero Si releemos las teorías de otros investigadores que basan su planteamiento en una base trascendentalista, podemos observar una postura clara. Los orbes son el cuerpo extenso, material, semimaterial o energético, que representa al espíritu de una persona fallecida. Su presencia en determinados entornos cargados de fenomenología psíquica es innegable. El orbe sería el contenedor espiritual de una inteligencia completa, con sus emociones y su personalidad más o menos intactas. Esta concepción encaja como un guante con la idea japonesa de ‘hito-dama’, persona-globo. Su hábitat sería el clásico para este tipo de manifestaciones. Casas o lugares con carga traumática, con antecedentes de disturbios psíquicos o con presunta fenomenología paranormal. Sus efectos en ese entorno serían también los clásicos, sensaciones extrañas de invasión, focos o soplos fríos, sensaciones de tocamientos y movimientos de objetos. Todo el catálogo de efectos adscritos a un caso de poltergeist. Sobre este particular hemos de hacer un parón y marcha atrás; la fenomenología poltergeista era conceptualizada en el siglo pasado por los miembros de la S.P.R como la ‘Teoría de la Muchachita Traviesa’, exponiendo que se trataba de un efecto psicorrágico cuyo foco era normalmente una muchacha conflictiva en edad púber o con notables conflictos de tipo sexual (volvemos a la pulsión sexual como desencadenante…). Vemos aquí una actualización del concepto de ‘fantasma’ o de espíritu errante, dotándolo de una nueva forma material y finalmente descubriéndolo como extra en una fotografía. Personalmente no me hallo en condiciones de afirmar taxativamente que los orbes sean los nuevos fantasmas postmodernos de nuestra era, ni siquiera que sean un elemento trascendental de una posible supervivencia del alma humana a la muerte, pero he de declarar, que efectivamente, poseen los suficientes rasgos definitorios para otorgarles un mínimo de identidad subjetiva. Pasemos a explicarlo. a. Los orbes se comportan aparentemente de manera inteligente. Podemos suponerles sin ningún problema un tipo de inteligencia primaria (similar a la de un animal) y es innegable su relación con otro tipo de fenómenos anómalos de significancia elevada (psicofonías, p. Ej.). b. Los orbes presentan tendencias y patrones de comportamiento, es decir, realizan rutinas de actuación y actualizan sus reacciones conforme se varía su entorno. Suben escaleras, se sientan en sillones y reaccionan de forma coherente ante la presencia de un agente. Esto supone un mínimo de inteligencia y emocionalidad.
d. Existe una clara variabilidad entre los individuos, con orbes más activos y dominantes y otros con un rol más secundario.
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a. Los investigadores José y Karen Escamilla, de Nuevo México, llevan varios años realizando estudios sobre otro fenómeno anómalo de similar naturaleza a los orbes. Se denominan ‘rods’ (barrotes, en castellano), y aparecen como estructuras fusiformes, voladoras, con apariencia orgánica aunque muy similar a los orbes, y que se comportan como organismos vivos. Estos ‘rods’ presentan una imagen muy similar a un microorganismo tipo bacilo aunque a escala gigantesca (aproximadamente la longitud de un palo de escoba). Existe también una cierta variabilidad en cuanto a formas y comportamientos, distinguiendo el matrimonio Escamilla hasta tres tipos básicos de rods: los llamados ‘centípedos’ o ciempiés, que presentan una serie de indentaciones aerodinámicas a lo largo de su estructura, similar a las aletas de una sepia; los rods blancos, que parecen ser el modelo básico y los ‘lanzas’ que son los más rápidos y estilizados. Así mismo, los rods, al igual que los orbes, se agrupan en clusters, con apariencia de trenes, con varios rods acoplados entre morro/cola para formar algo parecido a un convoy. Y lo que es más curioso (aunque me ha sido imposible contrastarlo), el matrimonio de investigadores asegura haber encontrado muestras físicas de rods muertos, carcasas o cascarones, de una naturaleza material desconocida.
Limpiando los pinceles A final de esta exposición, nos quedan algunos puntos oscuros sobre el tema. En primer lugar, cual es la razón por la que los orbes, siendo detectados por cámaras fotográficas y videográficas, no pueden ser vistos a simple vista. En realidad, esto no es así. Existen testimonios de personas que los han observado nuda natura, es decir, a simple ojo. Tenemos en este caso un fenómeno denominado COTET ‘’ Visión por el rabillo del ojo’’ o visión periférica. Este fenómeno aparece en determinados sujetos que afirman haber realizado avistamientos de orbes a través de su visión periférica (la que nos permite por ejemplo ver la intensidad de una estrella lejana mirando al cielo indirectamente). El problema estriba en que los orbes, siendo cuerpos sensible al flash de un cámara fotográfica, no son observados directamente por el ojo humano. Se me ocurren dos hipótesis sobre este asunto. Primera, existiría una barrera psicológica en el ser humano que le hace imposible observar (o interpretar lo observado) un fenómeno como son los orbes. Una especie de efecto hipnótico ante determinados fenómenos objetivos que pueden ser fotografiados pero no observados in situ. Podríamos recordar aquí el famoso Velo de Isis de los ocultistas iniciados, esa especie de incapacidad profana para observar hechos y fenómenos de naturaleza sobrenatural y que solo después de algunos entrenamientos rituales seríamos capaces de rasgar. La siguiente opción que se me ocurre sería una puramente física. Los orbes son estructuras que coexisten entre dos dimensiones y por tanto, quedan fueran de nuestro aparataje sensorial. Algo parecido a intentar ver el vuelo de una bala de fusil disparada a 4.000 km/h. En cualquier caso, es evidente que existe una incapacidad fisiológica del ser humano para detectar estos orbes, y solo aquellas personas con una sensibilidad especial son capaces de observarlos de modo natural. |
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Llegado a este punto del estudio, hay que plantear una discusión seria sobre el tema de los orbes. ¿Cuál es su naturaleza?, ¿Qué condiciones son las más favorables para que se generen?, ¿Qué identidad poseen y por qué no somos capaces de descubrirla?. Mi opinión final (aunque no la definitiva) es que se tratan de proyecciones muy sofisticadas de algo emanado por un ser humano. No creo que sean entes externos, sino simples semáforos emocionales de una naturaleza innata al ser humano pero olvidada. Queda en boca del lector rehacer mis hipótesis y formar así una nueva teoría que otorgue completa satisfacción al problema de los orbes. Dalmiro Ubiña |
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